7.3.10

Adios a los Guetos

La vida sin sobresaltos era hija del provincianismo. La época moderna es de cambios súbitos, y la letanía de entonces se fue para siempre. Nuestras sociedades de ahora, más plurales y diversas, denotan la inserción de México a la globalidad, la creciente movilidad de personas, el incremento de la tasa de urbanización, las hondas crisis económicas, la desigualdad atroz, los vicios desde/hacia el gobierno. Nuestro entorno, como todo en el mundo, es un todo cambiante.

Vivimos ahora en ciudades en constante proceso de transformación, donde incluso nuestra propia identidad cambia, nuestra idea del yo, nuestra subjetividad. Sociedades que de pronto despiertan diferentes --no mejores, ni peores: al fin de cuentas la historia no es necesariamente un camino lineal hacia el progreso. Ciudades que experimentan dinámicas complejas, multitud de intereses que abren nuevas oportunidades económicas, opciones nuevas para discurrir socialmente en la diversidad, pero que a su vez trastocan la convivencia tradicional, vuelven retadora la gobernabilidad, desorientan el estar pacífico de todos los habitantes. En suma, realidades que vuelven complejo el estar, el entender. Ahora, el ciudadano de a pie camina nocturno y solitario, por las mismas calles con otras fachadas, por las mismas esquinas con otros ritmos, y desconcertado intenta descifrar su nuevo entorno.

Nuestros jóvenes, los ciudadanos del mañana, están en posición frágil en los esfuerzos por descifrarnos, por replantearnos. En las sociedades modernas los adolecentes flotan en dos mundos: a menudo intentan comportarse como adultos, pero también se les trata como niños. Viven entre la niñez y la edad adulta, e inmersos en un cambio que no entienden, se desorientan. Racionalizar ahora entre los jóvenes la compleja situación del país es toral, y labor familiar, eminentemente. Al margen de perspectivas particulares, considero en lo general que no debe hablárseles desde el miedo, desde la incertidumbre, con mensajes ambiguos, parciales, o desde el sillón de la penumbra mal informada. La realidad debe explicárseles con todas las letras, sus retos, vicios, pero principalmente sus oportunidades, y sus obligaciones.

¿Qué tipo de mexicanos queremos mañana? Yo los quiero preparados técnicamente para la modernidad, pero principalmente con herramientas y sensibilidad para entender y juzgar la falaz democracia que esta oligarquía nos vende. Que tengan capacidad –cuando les toque, de aportar articuladamente para cambiar el status quo. Confrontémoslos desde ahora con el país injusto. Sin cerrarles los ojos. De lo contrario estamos irremediablemente condenados a seguir como estamos.

Debo insistir en la importancia de racionalizar en nuestros jóvenes la actual coyuntura, en forma tajante, como si fuera bistec de carne fresca en la cara. De nada sirve hablar desde un norte moral nacido del ostracismo. Ni desde las ataduras pasadas, o realidades desvanecidas que ya no pueden ser. El provincialismo de sus padres ya no es el de ellos. Su madurar será más temprano. Su sonrisa tal vez más efímera. Pero así es la realidad, y los cambios sociales son una consecuencia lógica e irreversible. Esta época moderna, apenas pequeña fracción de la historia humana, ha presenciado cambios trascendentes, y el ritmo de éstos continuará acelerándose. Es vital que nuestros jóvenes estén preparados –en todos los sentidos, para leer continuamente el presente, y reencausar sus fuerzas en consecuencia. Cuanto lamento las deficiencias del sistema educativo mexicano. Una distracción, un parpadeo siquiera, y podríamos hablar de una generación perdida.

Sin embargo, no dejemos en nuestras casas que nuestros chavos se duerman. Que las bofetadas de lo que ocurre no los paralice. Insisto: saquémoslos a la calle, que convivan con el otro, que interactúen en su juventud, formativamente. Exijamos a la autoridad espacios, programas, esfuerzos para hacerlo. De lo contrario, nuestras generaciones futuras, que ahora crecen en pequeños guetos protegidos, miedosos, replegados, estarán destinadas a concebir la ciudad (a la ciudadanía en su conjunto) como una simple suma de elementos aislados, independientes, que solo se unen por las vías de los automóviles.
http://bit.ly/d05lHZ Articulo impreso

¿dónde colocarnos?

Ese gordo locuaz es un tipo pragmático sin duda, un parlanchin insostenible al que he llegado a querer. Un llavero de cadena apenas se le asoma de lado, como si fuera el catrín melancólico de aquéllas épocas, pantalón desfajado es proemio de conversación desenfadada. Tiene las ideas claras, y eso le respeto. Habla tan rápido, que sus palabras siempre tratan de alcanzar el pensamiento.

La izquierda no va a llegar –me dice, porque México tiene que balancearse entre la derecha y la izquierda, tiene que ser medio, sin volverse radical, porque te vuelves extremista y después ultraderecha. Así no funciona el país. Eso el pueblo no lo aguanta.

Yo lo escucho: una voz chillona y una media sonrisa que encuadra una mazorca amarillenta. Es ya la media noche. Yo lo observo terminar las oraciones con un aire de suficiencia que lo infla, en serio, casi casi a los límites de flotar.

Hace rato hablabas de $5,000 pesos por cabeza --le digo, ¿estabas proponiendo un gobierno paternalista?

Y allí, sin voltear, se arranca derechito: El gobierno no va a ser paternalista. Simplemente va a dar a la gente, a la sociedad en su conjunto, las facilidades de cómo vivir, como mantenerse, como crear oportunidades para que la gente pueda desarrollarse, que no se queden viendo a los demás, que sean también participes de lo que está sucediendo en el mundo. El mundo cambia y tiene que crecer. Hay que enseñar a la gente a leer y escribir primero. Después dar las computadores, dar los medios, darles la oportunidad para crecer. Pero primero aprender a leer y a escribir. ¿De que te sirve el internet si no sabes leer y escribir?

Y si hablamos de educación, no sirve estar dando de gritos y crucificando y reprobando al sindicato de maestros y su actual dirigencia. Al sindicalismo mexicano no lo puedes quitar, lo tienes que renovar (dice enfático, silaba por silaba: re-no-var), porque ese sindicalismo sostiene la estructura económica y social de México. Recordemos que la mujer más poderosa de este país es la que maneja a todos los políticos, la que organiza los grupos, los bandos, ella es el Fidel Velázquez actual. Y con ella tenemos que acostarnos.

Y eso no podría ser negativo, al contrario. Eso funciona, eso da estabilidad. Los países tienen que tener líderes, tienen que haber grupos que organicen. Si no te organizas, no tienes estructura. Ese es el problema del PAN, que no ha podido crecer lo que ha debido crecer en sus oportunidades, porque le ha faltado construir bases. La ñoñocracia no aterriza y no se arremanga y no es pueblo. ¿Solo 5,000 miembros inscritos en el Distrito Federal, cuando hay 22 millones en el área urbana? ¿Sólo 5,000 miembros? El PAN no existe.

Lamento no haberle pedido la fuente de los 5,000 miembros, para verificarlo. Pero, como es su costumbre, cierra la frase sonriendo, y después vuelve, introspectivo:

Es allí donde debemos colocarnos. Economía de centro, liberalizada y moderna, que dé oportunidades y educación a la gente, y donde el control y las estructura sea férrea. Y de allí para adelante. Al cabo confianza siempre va a haber, porque la creatividad de la gente existe. A la gente solo le tienes que dar las oportunidades, eso es todo. Los poderosos tienen que bajarse a la realidad, no se pueden quedar arriba. Tienen que ceder los monopolios y los grupos de poder. Darles oportunidad a los demás. No todo en unas cuantas manos concentradas. Porque si no esto no aguanta.

Y así es como yo lo veo –me dice, despidiéndose con una sonrisa. Me tengo que ir. Es tarde. Y me está esperando una señora que recién conocí, y que tiene unas pestañitas tan largas que parecen de jirafa.

21.2.10

Espacio Público

El país es hoy de violencia, de tejido social roto, de millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan, de familias que sufren carencias, de empleos mal pagados, de precios que suben. Un panorama poco alentador, de múltiples aristas, retos, de enorme complejidad. ¿Pero qué hacer? ¿Cómo atacar la problemática? ¿Dónde empezar?

Temas diversos están en la agenda federal. La educación, seguridad, reforma del estado, reforma energética, tributaria, largos etcéteras. Y sin duda, en ese ámbito, amplios consensos se requieren para buscar soluciones. Más a mi considerar hay que actuar en paralelo a nivel micro. Arreglar la casa para hacerla más vivible.

Me refiero a acciones desde el ámbito más cercano al ciudadano –la esfera municipal, donde en la lucha integral contra el crimen, la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades, debe hacerse un esfuerzo particular en materia de desarrollo urbano sustentable y creación de espacio público. Es prioritario, a mi considerar, una política urbana de vanguardia que haga ciudad. Que procure sitios donde el ciudadano se encuentre y se reconozca, lugares que en sí mismos inviten a la comunión con el Otro. Me explicaré.

México tuvo un acelerado crecimiento demográfico a partir de la década de los setentas. Duplicamos nuestra población en menos de cincuenta años. Los índices de urbanización se incrementaron, abandonándose el campo y recibiendo las ciudades grandes oleadas de gente. Toda esa dinámica fue abrupta, espontanea, y la irregularidad fue la norma. Nuestra limitada planeación urbana –entre otras circunstancias, derivó en las ciudades que ahora resentimos. Hoy, una manzana citadina cualquiera, es pared con pared, ningún parque, sólo ladrillo, bloques, calles, autos, los niños encerrados, las madres frustradas. Imaginen lo que resulta de esa desesperanza.

Hay contadas excepciones, es cierto. Más por lo general el crecimiento de nuestras ciudades ha sido anárquico, y por ello vivimos ahora en engendros desarticulados, no equitativos. El modelo de crecimiento se plagó de círculos viciosos. Ha predominado entre la iniciativa privada el aprovechamiento máximo del suelo vendible, derivando en equipamientos no localizados armónicamente al entrono, implicando grandes desplazamientos, carencias elementales, conjuntos habitacionales que son semillero de nuevas patologías sociales, usos de suelo al gusto de la demanda solvente.
Nuestras ciudades son nuestras casas; su armonía y su belleza es nuestra armonía. Y no hablo aquí de sueños guajiros o ideales fuera de realidad. Habló de ejemplos concretos. Justo como la política de Cambio de Piel implementada en Medellín, Colombia. En esa ciudad (que en algún momento fue la más violenta del mundo) hubo una estrategia integral de educación, de oportunidades, de seguridad, pero también se hicieron intervenciones arquitectónicas de clase mundial, justo en las zonas más desprotegidas, donde se encontraba la violencia, destrucción y desesperanza, allí se hizo obra física bajo el principio “lo más bello para los más humildes” (busquen en youtube las conferencias del ex-alcalde Sergio Fajardo sobre el tema).
Si, espacio público es la respuesta. De los mejores arquitectos, con los mejores acabados, buscando emplazamientos dignos en las zonas más problemáticas. Si se requiere expropiar, tenemos que hacerlo. Si los costos políticos son altos, debemos asumirlos. Se requieren intervenciones puntuales en sitios donde el entorno vive entre violencia y carencia. A esos sitios hay que llevar lo más bello. Sin caer en frivolidades, ni dádivas, ni en sueños fuera de lugar. Hacer el esfuerzo creyendo en la arquitectura, en el espacio, y en su potencial para contribuir a exaltar la convivencia ciudadana.

Las palabras de Barragan en su discurso de recepción del premio Pritzker “el novel de los arquitectos”. Al referirse a los jardines, hablaba de que la majestuosidad de la naturaleza perdura para siempre, más reducida a las proporciones humanas, y transformada, es eficiente remedio contra la agresividad de la vida contemporánea.

7.2.10

Recuperar la juventud

Rápido, extraño, cual prosa telegráfica, inconexo incluso, turbio como la cotidianidad: traca-traca, metralleta replicando plomo.

En estas épocas violentas e intranquilas, seguramente a usted le ha pasado por la cabeza reorientar su futuro en otra región, o quedarse aquí, continuar esforzándose en su trabajo, esperar se componga la situación. ¿Se ha cuestionado si sirve remodelar tal o cual casa, empezar algo nuevo, hacer otra bodega, invertir en fierros? ¿Seguir apostándole al país, vale la pena?

Lo piensa entre dudas, y con desesperación, porque los años rápido pasan, y las generaciones se pierden en un parpadeo.

“Para ser joven, uno debe tener un futuro” –escribía Camus. ¿Dónde está el futuro, sí ---en términos generalizados, sólo se distingue un convulso estado de ilegalidad que escala en el país?

Por ahora me viene a la mente la historia de un extranjero que decidió invertir en México. Tanto se creía progresar, que incluso contrató asistentes de muy buen ver, que me presumía sonriente por debajo del hombro. Así estuvo, hasta que su director general lo traicionó. Simulando con bandoleros una huelga, lo echaron de la oficina a punta de picahielos. Ahora, con los pies en el escritorio, intentan robarle su clientela. Su defensa por los causes institucionales es costosa, tardada, y por demás imprevisible. La convulsa ilegalidad, que se apropia de todas las esferas, terminó echándolo de Mexico.

“Libertad no es esperanza del futuro. Es el presente y la armonía de la gente y del mundo en el presente”. La academia sueca premió a Camus con el Nobel porque “el conjunto de su obra pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy”.

En esta época, nuestra conciencia es de miedo, incertidumbre por nuestros hijos, por el destino del país, por la posibilidad de tener una vida digna con plenas libertades ciudadanas. Pudiéramos decidir no invertir en fierros, aferrarnos y aguantar que las cosas se compongan, y por allí transitar en soledad, indefenso estático, al ritmo de las mareas, un paso atrás, no tomar decisiones apresuradas, quedarme quieto. ¿Qué otras alternativas existen?

Los asentamientos humanos –en general, tienen dinámicas similares a las de cualquier organismo vivo. Momentos de esplendor, períodos de mala salud, etapas de transición, períodos de colapso, ruina. El propósito de la ley –y su cumplimiento obligatorio, es precisamente orientar las conductas humanas, y darle perdurabilidad a las sociedades. En términos de economía pura, la legalidad genera certidumbre, inversión, crecimiento, plata, mejoramiento en los niveles de vida, más construcción, mayor gasto, más casas, prediales, impuestos, obras, ciudades de banquetas limpias, menos desempleo, mayor seguridad, libertad; y no el cochinero sucio, tranza, desigual y peligroso de nuestro país.

Pero la teta repleta de lechita pareciere no acabarse, porque la clase política sigue teorizando entre el caos, debatiendo la Reforma del Estado, sentados en sus pódiums elegantes, con la parsimonia del dueño de la verdad, retozando entre eufemismos y citas de teoría política comparada, regodeados con la boca llena en competencia de egos, federalismo disfuncional, los peligros que la reelección entraña (les encanta el verbo “entrañar”), las segunda vuelta, las candidaturas independientes, la necesidad de generar sinergias (también les encanta la palabra sinergia).

¡Señores, no mamen! (seguramente aquí mi querido editor pondrá puntos suspensivos, censurándome de nuevo por “malas palabras”; como si la sociedad estuviera todavía en pañales y hubiera que protegerla). Clase política que, incumpliendo el mandato ciudadano, se sume en la coyuntura del beneficio propio, nadando por el primitivo y antipatriótico lodo del hueso siguiente. Que cierto es aquello que los pueblos tienen los políticos que se merecen.

Y nos desespera y nos preocupa aceptarlo, porque los barriles tienen fondo y la economía premia o castiga. La decepción, el inmovilismo del hombre de a pie, el que cierra las cortinas, abandona los pueblos, el que no trabaja porque no tiene oportunidades, vaga y delinque, las dinámicas perversas que todo invaden, derrumbando ciudades, regiones, países.

Todavía pienso con Camus que podamos recuperar la juventud, la confianza en el futuro --una amiga habla de recuperar la ambición. Pero preocupado veo a mi alrededor, los problemas estructurales que tenemos, y el hecho que nuestros retos sobrepasan en mucho las capacidades de quienes tienen el mando. Y preocupado veo también la tentación autoritaria, o el riesgo de un estallamiento social, y pienso que ambos serian no sólo un retroceso, sino que nos arrebatarían aún más la juventud.

2.2.10

La línea del arco

Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
-- ¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente?
-- pregunta Kublai kan.
-- El puente no está sostenido por esta o aquella piedra –responde Marco--, sino por la línea del arco que ellas forman.
Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade:
--¿Por qué me hablas de las piedras? Es sólo el arco lo que me importa.
Polo responde: --sin piedras no hay arco.


La metáfora de Italo Calvino, contenida en el libro Las ciudades invisibles, sirve para interrogarnos sobre el futuro de las ciudades. Sus breves textos son joyas de gozo estético.

Sin piedra no hay arco, ni línea que ellas forman. La metáfora es circular, y habla de la complejidad de la vida en comunidad, la interrelación ciudadana, los equilibrios precarios y cambiantes, la masa humana que por dinámica propia busca el reacomodo.

No distinguir entre las fuerzas del orden y la delincuencia–por ejemplo, rompe el ecosistema citadino, y desmagnetiza la brújula de la sociabilidad. Podrán los Estados-nación perder la capacidad de convocatoria y la administración de lo público. Más las ciudades, desde otras dinámicas, desde otros intereses, deben resurgir con nuevas formas de ciudadanía, con referentes más concretos que las abstracciones nacionales. Al fin de cuentas aquí vivimos, y a partir de aquí deben plantearse soluciones para componer las cosas.

Potenciar lo anterior requiere habitantes que luchen, respiren, salgan, participen, lo cual no está ocurriendo en forma generalizada en nuestras ciudades. Desanimado en sus quehaceres, agobiado por la crisis, el hombre desmoralizado. Ante la violencia desbordada el ciudadano temeroso se repliega.

Herido a mansalva. Lacerado en estridencias. El ciudadano se esconde por temor a lo difuso. Proliferan fraccionamientos bardeados–por poner un ejemplo. Segmentado por el dinero, el hombre se encapsula. No conforme de vivir bajo llave, añade a su muro de contención una barda más, ladrillo y lodo, piedra sobre piedra, caseta de vigilancia incluida y lista de visitante para el que se le ocurra asomarse. ¿Es esta forma de vida la adecuada para crear ciudadanía? ¿Alejados del todo, ciegos de todo, podremos generar un cambio?

Es cierto: las bardas no son sólo físicas. Son barreras incluso contra la apertura, contra la inclusión, contra la libertad, contra el respeto al otro. El hombre se siente extraño en el espacio público. No encuentra al otro y desconfía de él. La ciudad contemporánea es de “islas de otredad”, y yo mismo soy otro para los demás.

Así, escondidos en nuestro propio resquicio ya nada nos importa, salvo nuestra pequeña ventana de dos por dos. Mientras tanto todo a nuestro alrededor se empantana.

24.1.10

Algo más que unas simples bolas


Mi hermano que murió también se hubiera regresado los tres pisos, por la escalera humeante del Two World Trade Center, solo para rescatar su colección de bolas de beisbol. Sus razones hubieran sido las mismas que las de ese abogado cubano. Hay quienes maman beisbol desde la cuna. Niños que van al parque de pelota con un guante, donde la ínfima probabilidad alimenta una esperanza muy hermosa. Madres que siguen el partido por la radio, y que de madrugada van por sus hijos al estadio, afónicos de reclamarle el chocolate al ampayita.

El beisbol fue toda mi infancia en la isla –me dijo un día Oliver Reinaldo, sin que viniera a cuento, y en Miami fue lo mismo.

Nos habíamos conocido hace más de 10 años. Fue en una entrevista de trabajo en su oficina, en el piso 40 de esa torre gemela (justo en la que chocó el segundo avión; la primera que colapsándose se sumió en el polvo).

Su especialidad legal era responsabilidad civil, algo gordo, pelón, sentado en su oficina parecía en el sillón de su casa. Durante la entrevista me sorprendió su colección de bolas y con los nudillos lo vi raspar sus costuras rojizas, mientras conversábamos. Ese día no hablamos de beisbol. Después tuve oportunidad de hacerlo, ya que por suerte conseguí el trabajo.

Nuestro despacho rentaba los pisos 39 y 40 de esas torres gemelas. Esos edificios eran una ciudad independiente, con comedores, bibliotecas, estaciones del subterráneo, legiones enteras de autómatas rasgando las suelas diariamente, engabardinados con caras de espanto. Aun ahora no me resisto a creer que todo eso se haya derrumbado.

Fue coincidencia que la oficina de Oliver Reinaldo quedara a un lado de la mía, y con el paso de los meses nos fuimos haciendo amigos, conocí a sus hijos y a su esposa. Él siempre llevaba en la mano un legajo de papeles, y en la otra una pelota, rasgándole sus costuras. Con cualquier descuido comenzaba a hablar de Nelson Santovenia, de Orestes Destrade, del pelotero cubano que es de otra estirpe. Esta pelota es el homerun 42 de José Canseco en la temporada 88 –me decía. Esta la firmó Bart Giamatti, y me veía como si yo supiera de lo que estaba hablando. Las limpiaba y acomodaba en su repisa como huevos de oro.

Trabajamos juntos cerca de dos años, y nos despedimos a finales de 1999, cuando yo abandoné la Gran Manzana. Con los avionazos del 11 de septiembre pensé en él, después hablamos y supe que todo estaba bien, y que los ex-compañeros habían bajado sin problemas. Solamente eso me dijo. No hablamos más detalles. No sé porque no se me ocurrió preguntarle por sus bolas.

Una práctica común en Nueva York es tener camisas nuevas en la oficina. Es habitual trabajar de largo toda la noche, o llegar de un viaje nocturno directo a la oficina, y siempre se agradece una camisa limpia. Lo comentó porque me topé con Oliver años después en un hotel de la ciudad de México, y eso viene a cuento.

Te tengo que contar –me dijo viéndome a los ojos, me dijo como diciéndome tengo que contarte lo que nos ocurrió esa mañana. Nos fuimos al bar y compartimos un trago. Me contó del estremecerse del primer avión, del fogonazo del segundo, del impacto en su torre, de los monitores que temblaron, de lo estúpidos que fueron en no evacuar de inmediato, cuando todo había empezado. Me dijo que él estaba en una sala de reuniones en el piso 39, y que al estallar el avión en su torre salieron corriendo a las escaleras, cumpliendo el protocolo. La escalera era un tumulto humeante y de gritos. Los bomberos ya subían, las secretarias bajaban, alguien bajaba en muletas. Solo entonces recordó las bolas. Aún no sabe que fue lo que lo orillo a regresar por ellas.

En el piso 40 los aspersores regaban una humareda vacía, los ruidos de cristales rotos se oían por todas partes. Según me dijo corrió doscientos metros en record olímpico, y recogió más de treinta pelotas con un golpe de brazo. Imagíname –me decía, imagíname caminando en el Manhattan polvoriento, empanizado de hollín, cargando dos mangas rasgadas de una camisa nueva, llenas de pelotas blancas.

Hay aficiones que inundan más allá de la vida. La de mi hermano que se nos adelantó en el viaje, por el beisbol, también era una de esas.

17.1.10

Pensarnos Juntos

El objeto del presente es solicitar tu apoyo para una investigación. Agradeceré a cualquiera de ustedes que quiera participar, o a quien pudiera darme nombres, ideas, contactos. Más adelante mencionaré las particularidades de lo que pretendo, pero en principio apelo a tu inquietud, a la curiosidad que todos tenemos dentro.

Deseo investigar la idiosincrasia de la gente de la región lagunera, los mecanismos que tenemos como sociedad, como grupo humano diferenciado, para asimilar y afrontar esta época particularmente difícil. Mi tesis es que una región como la nuestra, que ha alcanzado grandes logros, una comunidad que ha vivido épocas de gran pujanza, una zona joven con conglomerados industriales de clase mundial, una gente que hizo florecer el desierto, una sociedad singular por su diversidad, por su heterogeneidad, está particularmente preparada (o más propensa) a generar movimientos espontáneos de solidaridad, de participación ciudadana, que puedan incidir en la recuperación del nuestro desarrollo económico, en la erradicación de la ola de criminalidad reciente, en el fortalecimiento de la cultura democrática. Si es acaso que pudiéramos deducir eso de nuestra historia, de nuestros comportamientos: ¿qué debiéramos hacer para generar círculos virtuosos de participación ciudadana?

Para avanzar requiero –requerimos-- primeramente de objetividad total. Hacer a un lado nuestro sistema de valores, nuestro sistema de referencias, y vernos encuerados, aunque resulte difícil. Justamente este llamado descarriado, cínico, abierto, es un grito pelado en busca de la objetividad compartida. ¿Somos unos rancheros asoleados del siglo XXI, queriendo ser algo? ¿Unos mexicanos ni de la frontera y ni del centro, apenas del norte, bolsa de contención, realmente de ninguna parte?

Recurro al que quiera sentarse en la silla a conversar, a ser fotografiado, ser entrevistado, cámara de por medio, intentar descarnadamente dar una lectura de lo que somos, de lo que queremos ser, de dónde venimos, a dónde vamos. Recurro a cualquier líder de familia que guarde la memoria histórica de sus gentes, de su trajinar, para que me la comparta. Juntos tenemos que recuperar nuestra historia, pensarnos, ser inclusivos, no desechar ideas, vaciarlo todo, identificar cómo hemos solucionado otros retos en el pasado, y pensar la forma de solucionar los de ahora.

No es posible continuar con esta inercia, y dejarnos ir en el derrotero diario, quejándonos hacia el exterior, pensando que las causas de los males nos son ajenas, y nada podemos hacer para afrontarlos. Ejercicio de auto reconocimiento, búsqueda de herramientas.

Como primera opción pretendo profundizar desde la etnología, desde la antropología social, partir del estudio descriptivo de nuestras costumbres o tradiciones. Veámonos en el espejo. ¿Cuáles son nuestras costumbres en este momento, como afrontamos nuestros retos, que comportamientos estamos teniendo? Te pido a ti, amigo, leyendo estas letras, en cualquier descampado lagunero, invítame a conversar de cualquier cosa, abiertamente, tratar de saber que pensamos, donde estamos, que inquietudes, que tan preocupados estamos en saltar este bache ¿estamos seguros de lograrlo?

Un amigo etnólogo me ha dicho que justo ahora, por lo reciente de la descomposición de nuestra sociedad, es el momento de observarnos. ¿Qué piensan los descendientes de españoles, personas de campo, de este cochinero de calles, que el centro está tomado, que no se puede transitar libremente? ¿Qué piensan los descendientes de alemanes? ¿Qué piensan los árabes, comerciantes, de arriba abajo desde temprano? ¿Cuáles costumbres hemos cambiado? ¿Acaso es generalizado el comportamiento de no ver más allá de nuestras narices, imposible encontrar cohesión? ¿Acaso pensamos que por gandallin y sacalepunta, esa actitud tan lagunera de suficiencia, estamos librados?

Últimamente he pensado en voz alta como avanzar con este proyecto. Enmarañado entre vericuetos, decidí ventilarlo a través de estas líneas. Ojala alguna de sus respuestas me brinde elementos para continuar con la inercia, y así tener algunas imágenes, o unas cuantas historias para trazar garabatos sobre nosotros.

10.1.10

Actuar Ahora

¿Acaso ya nos desviamos?

¿Acaso el trauma de nuestro nacimiento, las crisis atroces, la transición fracasada, ha terminado por ligar nuestra idiosincrasia al fracaso?

¿Acaso encausarnos a la legalidad es ajeno a nosotros, es imposible transitar hacia la normalidad democrática? ¿Acaso mi generación está destinada a sobrevivir en el cochinero en medio de la tranza? ¿Acaso la generación que viene tendrá un mejor país? ¿Es más sensato abortar?

Son estos colores lo que amamos tío, estos olores. Por ello lastima verlos desmembrarse, atados al no progreso. Preguntémonos dónde estamos atorados. ¿Acaso ya nos desviamos? ¿Estamos destinados a vivir en un círculo vicioso de conductas, de actitudes, de respuestas?

Los rasgos culturales de las sociedades se moldean con el tiempo. Inciden en ellos el medio ambiente, las relaciones con los otros, la economía misma, la política pública, las cicatrices de la historia. Este bloque de más de 100 millones es un enjambre complejo, un tubo de ensayo nitrogenado. Súmele usted una frontera de miles de kilómetros, con la primera economía del mundo, y lo que tenemos es Tijuana –el paradigma, el cruce fronterizo más transitado del mundo. Eso somos. Una fuerza cósmica que por historia y presente debería ser puntera. Pero no hemos sabido encausarla. Ahora pareciere problema no ser homogéneo, sino un mosaico tortuoso de intereses que no embonan.

Porque precisamente en nuestro mosaico hay fuerzas fácticas cuyos intereses aprisionan, nos limitan, nos detienen (sindicatos, la ciega oligarquía, la burocracia misma, la clase política). Grupúsculos cuya visión particular compromete a la generalidad, bloquean los cambios, fragmentan nuestra idea de futuro. El diagnostico podría ser claro, pero hay quienes toleran la mancha del pulmón --en la radiografía que el doctor muestra a contraluz, porque son precisamente ellos el cáncer, y de él se alimentan.

¿Acaso de nuestra desviación no hay retorno?

Incluso para el pragmatismo cínico es complicado proponer opciones. Cuesta trabajo confiar en la política como herramienta del cambio. A la reforma política, recientemente propuesta por el Ejecutivo, ya le vemos moros con tranchetes, resquicios por donde se escurrirán los bribones. Desconfiamos de la banca de un lado. Cuesta trabajo convencernos que nuestra institucionalidad podrá generar los brazos necesarios para girar el timón. Pocas herramientas hay, para hacer a un lado a los agentes del no-cambio. Todo lo cooptan. Con regularidad compran los votos mismos. O silencian las bocas.

La razón me dice que las soluciones deben buscarse dentro y desde la legalidad. Sin embargo, el inmovilismo --la sensación de retroceso, desespera a todas luces. Es ahora el tiempo, por ejemplo, de aprovechar de lleno la vecindad con Estados Unidos, o de hacer valer el mayor bono demográfico de nuestra historia –nunca ha habido más personas en edad productiva.

No aprovechar nuestras oportunidades de ahora, no cambiar, no avanzar, será un fracaso de costes históricos. Por ello impera definir prioridades e identificar (atajar, erradicar) las fuerzas que se oponen al cambio. Aquí no hay festejos señor Presidente. Su figura, debilitada por sanos contrapesos, tiene aún la fuerza para generar coherencia, fuerza que nace de la historia. No más discursos que a nadie motivan. La desazón es generalizada y peligrosa, caldo de cultivo para los no demócratas.

Necesitamos que haga valer su investidura y recurrimos a su liderazgo. La decisión es ahora (identificar, atajar, erradicar), aunque haya facturas por pagar o compromisos asumidos. La magnitud de los desafíos requiere mucho más que acciones de coyuntura, discursos con buenos deseos. Fallar derivará en mayor incertidumbre, desequilibrio, alimentará aun más las intenciones de los no demócratas, y acabará desmoronándonos del todo.

3.1.10

Salir de Inmediato

Dígame usted lo que quiera, pero no es civilizado el estado de excepción en que vivimos, que parece normalidad eternizada. No solamente me refiero a nuestra malograda transición, que va por ningún lado, sino al estado de las cosas, el abandono y falta de pujanza, la inseguridad que todo lo permea, las calles vacías por las noches, el descontento y desconfianza generalizado.

Como ejemplo el trayecto carretero Torreón-Ciudad Juárez, donde lo primero es salir temprano porque “en las carreteras de Mexico no se transita de noche”. Esa aseveración –de boca de un pariente que respeto, confirma la apropiación de los caminos por entes ajenos al Estado, situación peligrosa que en ninguna coyuntura debería asumirse como normal, ya que el monopolio del uso de la fuerza, y la obligación del Estado de garantizar la seguridad, la libertad de tránsito ciudadana, debe ser en todos sitios, a todas horas.

Ante posición tan purista, usted me podrá decir que no cuestione nuestra modalidad de lucha anti-narco, o que en todo caso me siga de largo, si es que tanto disfruto el trémulo silencio de la carretera nocturna (lo cual es cierto). Le contestaré –sin embargo, que de eso no estamos hablando, sino del hecho, tajante y evidente, de que la incapacidad de nuestro gobierno nos ha obligado a vivir en calidad de rehenes, a vivir en la frustrante no-libertad de estado fracasado.

Entonces mejor conducir de día y no correr el riesgo de verte violado donde sea. Aunque ello no garantice pequeñas molestias, de que cada tantos kilómetros pase un convoy militar, con un enmascarado con arma de 50 mm casi engatillada, viéndote a ti, y a tu esposa, y a tus hijos, con cara de malos amigos, y que además, si es que te ponen el alto, la pequeña molestia es que terminen hurgando cualquier vaina entre las piernas de tu esposa, o de tus hijos.

Se podrá argumentar entonces que los militares salvadores, que la lucha contra el crimen y que “el ejército mexicano como la única institución cuya fama sigue intachable”, y yo escucharé con atención defender un status quo similar a guerra. Más, de lo que estoy cierto, y lo que nunca me hará bajar las manos, es de considerar normalidad todo esto, el simple hecho que te apunten con un arma, que urgen de automático en mis pertenencias, que no haya fuero común para juzgar a los que están detrás del gatillo. Esta no debe ser nuestra normalidad.

Ni tampoco debe ser normal en la carretera, desde tempranito, y que de pronto llegue la primera caseta con su pago correspondiente, un largo tramo de baches y arreglos, la segunda caseta, más hoyos, un desnivel que te saca del asfalto, y cuando menos lo piensa uno, ya se gastó un quinientón y un par de amortiguadores.

Basta entonces de corajes y detengámonos en Villa Ahumada, un burrito de deshebrada, porque no todo tiene que ser tan malo. Pero embutámonoslo ahora y con prisas, antes que por ineficiencias, e intereses gubernamentales, se ponga en entredicho alguna cuestión sanitaria, y se llegue al extremo de comprometer la calidad del burro (como ocurre siempre que hay negocio).

Entonces llegamos a un Ciudad Juárez desecho, donde todo comercio esta golpeado y donde todo se renta, aceptando autómatas lo que ocurre, haciéndonos los ciegos, si, haciéndonos los ciegos, porque ante esta realidad que golpea, el ciudadano invisible, solitario, creyéndose incapaz, pierde la observación y la queja. Ni siquiera lo motiva considerar totalmente injusto, y ultrajante, el no poder transitar de noche –no tener a donde ir de noche, por miedo a que te perjudique una legión de incontenidos. Ni siguiera le parece suficiente, para levantar la voz, ese atorrante pagar y pagar y pagar, cuotas de una carretera embachada, sin acotamiento. No hay queja en la invisible ciudadanía, ni gritos que exijan el lugar a donde queremos transitar.

Precisamente, se dice que estamos en transición, en un proceso gradual de construcción democrática, que transcurre en alternancia de quienes detentan el poder. Los años han pasado y nada estructural ha ocurrido, sin embargo, las cosas siguen haciéndose mal, independientemente de colores. No se distribuyó el poder, no se benefició a la mayoría, no se fortaleció al ciudadano, no se desmembraron privilegios, no se limitaron los poderes facticos. Al contrario. Se orilló al país a un estado de excepción, que más bien parece normalidad eternizada, y del cual es obligación ciudadana exigir el salir de inmediato.

20.12.09

Pregúntate

Nuestra oligarquía de élites políticas y económicas, se sustenta principalmente en fuerzas productivas baratas, una gran masa ignorante, manipulable y aguantadora. Teniendo como antecedente el sistema de castas prehispanico, la época colonial ensanchó diferencias, configurando el marco de referencia racista y excluyente que ahora tenemos. Las actitudes de rechazo hacia lo indigena, lo jodido o lo moreno, el individualismo, la no-confianza y la corrupción, son parte de la identidad mexicana tan traumatizada. Lo es tambien el sometimiento de las mayorias en beneficio de unos pocos.

Conozco a personas cansadas de su realidad, que no tienen oportunidades nuevas, ni para su esposa, ni para sus dos hijas, que ni ropa tienen para ponerse. Conozco despilfarradores consumados de primer órden, que compran y suben y transitan despreocupados, aun entre desigualdad en cada semaforo, entre problemas y contrastes que abundan. Estos tiempos no son placenteros ni normales, sino de economía colapsada, inseguridad, matanzas, injusticia, un país que sin rumbo se desgaja.

Es evidente el descontento social, más resulta dificil hacerse escuchar, erradicar la condición de ciudadano invisible. Las decisiones se siguen tomando entre pocos, y para pocos. Porque aun en esta situación precaria, los espacios siguen cerrados, y la oligarquia sigue apostando más al embrutecimiento, sometimiento, retraso continuado colectivo, que a cualquier otra cosa.

Al fin de cuentas –piensan, el tiempo continuará pasando sin afectar posiciones de privilegio, sin ningún avance en realidad democrático, como desde hace tantos años, y la plebe seguirá controlada por subsidios, programas cómicos, el Cuah y noticiarios previsibles, el cine de ficheras (ahh, como me gusta!), las revistas del corazón, la época de oro, el nuevo cine mexicano, toda una industria que inyecta la idea de que todo va bien, de que estamos alegres, del mexicano afortunado, cumplidor, buen colega suspicaz, simpático y goza vida, capaz de arreglar los cables del auto con un chicle, dueño de una ingeniosa improvisación.

Pero todo es un engaño gigantesco, y ninguno de los que pueden, quiere encontrar salidas. No ocurre nada porque las elites no sueltan posiciones, y lo mismo ocurre para abajo. Cada quien defiende su resquicio y mejor ni voltear porque te quitan el plato colega, mejor dedícate a proteger lo que tienes y que los demás se rasquen como puedan, y no importa la educación en pañales, y no importa que los pesos no alcancen, ni que las casas se desfonden en los peñascos mal urbanizados, porque el drenaje ilegal, tampoco importa.

Lo único que en realidad importa es seguir explotando al que se deje, exprimiendo país y gente, al cabo no se agota, no revienta todo esto porque la válvula de escape está allí y es cuestión de aumentar 3 pesos el salario mínimo mensual colega, o ya veremos qué aumento se busca si las cosas se ponen difíciles, uno que otro pan, y circo también, ya viene el mundial, menos mal, o el reboso negro en media luna de la gaviota que lucia impoluto en Ciudad del Vaticano, menos mal, tenemos salvador, nunca México estuvo más cerca del campeonato del mundo, o de los cuentos de hadas.

Así es como están las cosas colega. A mi me da vergüenza. Pregúntate entonces que imagen tienes de tu persona, que dignidad tienes, quien te explota, a quien explotas, que tipo de país quieres. Pregúntate que parte de la cadena ocupas, y de qué forma te engañan quienes ponen el pie en tu cara. Cuestiónate si el objetivo es dejar inalterado el actual estado de cosas. Pregúntate si a ti también te distrae diariamente la realidad manipulada.

29.11.09

La calle más ancha

De saber cómo contar la historia sin duda ya estaría escrita. Pero ni palabras tengo, e incluso no sé si pudiera haber algún significado oculto. Pudiera iniciar en esa isla veraniega, sus calles incendiadas, el calor sobre mis hombros, la esquina de Prado y Dragones a un costado del Capitolio. De haberme fotografiado en esa esquina, tendríamos en la mano la filmina de un pelado de no más de uno ochenta, cachete al tiro todo lo que da, mirada perdida y pelo largo, sonrisa apenas burlándose detrás de esa barba ya bastante crecida. Entre la cara y el pecho sudor por todos lados, y una expresión en los ojos como de querer resguardarse, de pinche calorón de los que obligan a colgar los guantes y decir basta.

Más el hecho de tener de inicio a un colega calenturiento no debe confundirse con cachondería cualquiera, sino pensar en un pelado de sobaco incomodo y mojado, de una circunstancia donde buscar sombra es lo imperante, un refugio cualquiera cruzando la calle para ese barbón encasillado en pana, que sin pensarlo se apeñusca en una puerta rojiza, surgiendo en su interior una peluquería, precisamente, el sitio exacto para la trasquilada que refresca.
A esta altura del relato pudiéramos describir la sucesión de sillas reclinadas, el espejo negruzco, o la mirada de pocos amigos de esos 15 peluqueros cubanos. Pero mejor remontémonos meses atrás al estado de Texas, donde ese mismo colega tuvo necesidad de comprar un traje elegantioso para la ocasión. Imagine usted entonces al dependiente tejano, un tipo güero de bota picuda y caminar algo saltarín, que con su diente metálico sugiere desde los trasfondos un inmaculado traje de rancho, longhorn incluido atado al cuello, que se mueve con ritmo de péndulo. El colega, desde su particular regionalismo, pensó que todos se emperifollan al espejo ajustando al cuello una cabeza de vaca con dos hebras.
Algo similar ocurrió en esa peluquería cubana. Ya estando allí, y con el calorón y el sudoroso cuello, lo que amerita es aprovechar el viaje con una cortadita de pelo, una transquiladita, y si acaso el peluquero en turno busca indicaciones generales sobre cómo cortarlo, pues darle manga ancha es lo que impera, como usted quiera colega, soy todo suyo, córtele como le venga en gana, y pues allí justamente fue la anécdota de la tarde.
Anécdota disfrazada de error. Hubiere sido posible rectificarlo en alguna de nuestras peluquerías mexicanas. Pero en Cuba es distinto. En Cuba hay poco control. El cliente en turno no está frente al espejo, sino que la silla se reclina entera con un tronido de palanca, y todo el trabajo se realiza a nivel de cintura, el colega trabaja inclinado, pelo barba, bigote, patillas, todo se realiza a nivel de cintura, y el cliente no controla el proceso al carecer de espejo.
Así las cosas hay una situación de confianza extrema, porque lo único es el resultado final y no hay medios chiles, lo que es peligroso ante los regionalismos culturales mencionados. Porque imagínese usted dar manga ancha al peluquero en pleno Caribe, en una zona donde lo de hoy es el bigote con una clave apenas en la punta, o los lados cortos trasquilados y el mechón levantado, el copete amplio, la greñita atrás, el mullet envidiado por cualquier iniciado, party in the back and business in the front.
Podría seguir dando detalles pero prefiero no continuar. Solo decir que cuando la palanca crujió de nuevo, yo ya no era yo, sino el regettonero en ciernes del Caribe pleno que al espejo se asoma. El bigote y la barba pegada al labio, rayoneada la patilla en pico, el ramillete de pelos desparramados en el cuello, como tratándose del mejor spray. Una confianza calurosa me invadió, y la música en la radio comenzó a sonar distinta. Y cuando salí de ese sitio, caminando calle abajo, no solamente sentí aligerado el calor, sino los pies más ligeros y la calle más ancha.

Articulo publicado http://bit.ly/6LannF

24.11.09

Dormir donde sea.

No de casualidad ocurrió en un pueblo oaxaqueño entre montañas. De eso estoy seguro. Ni de casualidad duró exactamente un mes. La mezcla de ingredientes liberó algo nuevo, y la unión de entonces es recuerdo de siempre.

Nosotros teníamos poco más de veinte años, y la juventud era algo más que un desequilibrio psíquico: eran puertas que se abrían al viento. Fue precisamente su madre la que me abrió la puerta. Explicándole quien era me dejó pasar con una sonrisa. La casa salía del huerto a la montaña, en donde su hija se descubrió de pronto entre la milpa, con una pañoleta blanca de ojos asustados. Su madre le pidió me saludara. Lo hicimos desganados. Entonces no imaginé que dormiríamos juntos, y que su húmeda respiración acompañaría mis sueños.

En la casa no había camas ni cuartos ni habitaciones: era un galerón de pilares, que me enseñaron con señas. Me pidieron arrumbar la mochila donde sea. Me señalaron los utensilios de cocina. Me invitaron a la mesa, al llegar el padre con sus cabellos canosos. No tenía más de cincuenta años, y desde sus nudillos me observó sonriendo.
La región del Itsmo es caliente todo el año –dijo, preguntándome cuanto llevaba de maestro. Era mi primer año. Viéndolo asentir inofensivo pensé en los matriarcados de esa región juchiteca, mientras la madre todo lo observaba detrás del comal. La hija, de mejillas doradas, escuchaba con los ojos bajos. Había poca luz.
Me preguntó en cuantas casas había estado. Era apenas la primera. Me había tocado un grupo del cuarto grado y los miembros de la comunidad hospedaban y alimentaban al maestro. El día siguiente empezarían las clases, y esta noche los conocía a ellos, mis anfitriones del próximo mes, una familia de tres y de largos silencios. La mujer amasaba, despegaba la tortilla como no queriendo, mientras la hija comía lentamente con los dedos, chupándose los dedos.
Después de cenar el padre saco una hamaca del canasto. Hay hamacas en todos los canastos –dijo señalando alrededor. Puede colgarlas en cualquier gancho. Tarde semanas en comprobar que la familia rotaba indistintamente más de 10 hamacas en 100 lugares distintos. Acostumbraban dormir–exactamente, donde los agarraba el sueño.
Mejor agarra una más grande–le dijo su mujer, que quiero dormir contigo. No. Has estado roncando. Los vi descalzarse al mismo tiempo metros más adelante, detrás de unos pilares, y se echaron a dormir. Nosotros silenciosos en la mesa. Ella me dijo que podía dormir donde sea.
Haciéndome el independiente colgué una hamaca rojiza en esos primeros ganchos. Ella, mientras tanto, terminó de lavar los trastes, con una trenza larga y negra que le llegaba a media espalda. Después se alació frente al espejo, y caminó a mi lado de puntillas con talones sucios, y sus brazos morenos hurgaron el canasto. Fingí leer cuando se colgó a mi lado. Nuestras dos hamacas parecían abrir las piernas, y en la penumbra de la madrugada me pareció verla dormir con labios húmedos.
Las semanas siguientes fueron de juegos rítmicos. Dormíamos con nuestras telas entrelazadas en el galerón, cual par de palillos chinos de colores distintos. Una noche ella se acercaba y colgaba su hamaca en mis mismos ganchos. Otra noche buscábamos un rincón y, en paralelo, sin hablar, decíamos buenas noches. Los padres descalzos mecían sus sudores detrás de los pilares, ellos por su cuenta. Yo acudía a clases por la mañana con los chicos. Pero en las nuestras noches los perros ladraban, los grillos, el horizonte de buganvilias apenas iluminado por la luna, nuestras hamacas balanceándose. Así, todo ese mes de hace años fue un oleaje de juegos rítmicos.
Lamento no haberme despedido de ella. El día de mi partida había salido al pueblo vecino y no pude hacerlo. Aún ahora, por las madrugadas, me parece sentir su respiración inacabada.


Articulo publicado: http://bit.ly/5Tz6Mb



16.11.09

Territorio Santos Modelo


La locución latina “Panem et circenses”, al pueblo pan y circo, representaba en su origen la costumbre de los emperadores romanos de regalar alimento y acceso a juegos circenses, como forma de mantener al pueblo distraído de los asuntos políticos. Digamos que el hecho de tener un nuevo estadio en La Laguna, en medio de descomposición política, social, de seguridad y económica, y que en la calle se palpe la sonrisa de un nuevo comienzo, es evidencia de que los romanos, desde hace más de dos mil años, eran magos para aquello del juego del titiritero.


Sin embargo no se trata de andar de aguafiestas. Los piropos abundan. El estadio es moderno, estético, funcional y el futbol se ve espectacular. La suma de esfuerzos es loable, y el sitio potenciará una muy importante explosión económica en la zona. Pero de cualquier forma es necesario acompañar al catálogo de merecidas loas, algunas consideraciones personales sobre el nuevo Territorio Santos Modelo.

El nombre me gusta porque es largo y se paladea con orgullo. Remite a frontera inviolable donde habitan guerreros. La inclusión del nombre de la cervecería es entendible, y más cuando un juego de dobles significados convierte al territorio en un complejo deportivo cuya modernidad sirve de ejemplo. Un territorio como modelo a seguir.

Tener un estadio clasista obedece al hecho de que el crecimiento y la sofisticación de las sociedades, trae aparejado ese tipo de divisiones. Usted me podría pedir que me deje de cuentos y me vaya a sol, y con gusto lo haré, más es irrefutable que la existencia de palcos, plateas, y secciones diversas, ha dividido la experiencia de ir a la cancha, y ha segregado a la afición. Nuestro estadio Corona era cancha de rancho, era en si mismo democrática, todos estaban en el mismo cuarto a la misma altura, y el festejo era una masa uniforme que gritaba por todos lados.
Sólo me ha tocado estar una vez en el estadio, y en un juego amistoso, pero tengo serias dudas de que el estadio presione como el Corona. Me sentiré contento en caso de estar equivocado, porque nuestra antigua casa se volcaba a la cancha, era toda ella un colofón de cemento, y a los jugadores los rodeaban un grupo de amigos. El respeto a nuevas tendencias de diseño, y a estándares internacionales de seguridad, ha resultado en un estadio extendido que comulga más con las escaleras y con la salida.

Estoy seguro que más de uno de ustedes, sentadito en su nueva y reluciente butaca verde, y comprando pizzas en esos negocios concesionados de letreros uniformes, extrañará salir al medio tiempo a gritar desde la malla, para que Chilo te alcance uno de adobada con doble aguacate, sin mayonesa, jalapeños verdes, partido a la mitad, mucha sal, un par de serranos afuera. El pasado miércoles se civilizó el futbol en Torreón, por el resto de los siglos, amen.

Tuve la oportunidad de atestiguar las dinámicas en la zona de palcos. Comprobé la supervivencia de esa tan extendida costumbre lagunera y norteña de dar la vuelta, donde los jóvenes andan en auto saludándose por la tarde. El pasado miércoles la gente caminaba, se visitaba, asomaba las cabezas en los palcos ajenos, tal vez curiosos de número de años en la botella de Whiskey. El pasado miércoles en La Laguna, en un evento para ver y ser visto, nació el Rol en la zona de los palcos del nuevo estadio.

Estamos contentos --sin duda. Tenemos un estadio magnifico y nos sentimos orgullosos de su existencia. Pero no nos traguemos aquello del “pan y circo”. Esta sociedad y esta ciudad tienen carencias estructurales. No dejemos que ese brillo impecable de butacas verdes nos conforme. Que no nos detenga para denunciar y demandar la solución a los problemas verdaderamente importantes que tenemos. No nos traguemos aquello del pan y circo.

Articulo publicado: http://bit.ly/1upruk
Foto: Cortesia Nacho Lopez Portillo

11.11.09

Niños de Parvulos

Primero: enorme brecha educativa. Segundo: sociedad enclaustrada entre el peligro, la desigualdad y el racismo. Tercero: políticos preocupados solo por proyecto personal. Cuarto: peligro de infracción que se resuelve deslizando 100 pesos por la ventanilla. Quinto: corrupción cancerígena que todo invade, cual hidra venenosa.

Súmele usted además gripes porcinas, remesas que decrecen, el petróleo que se acaba, las ejecuciones que pululan, los niños nuestros que se drogan, el nulo consenso entre cualquier fuerza política, y el resultado es amalgama que no preocupa más, porque no se puede. Cubeta desbordada que riega el zacate.

Llamémosle tranza extendida; ser vivales como modus vivendi. El omnipresente experto de barrio en colocar diablitos, la luz que falta, no traigo luz maestro, y el que altera el kilometraje para vender el mueble, y el uso de suelo habitacional se torna en comercial por obra del espíritu santo, o aquella playa pública que ya se la apropiaron los privados, y el alcalde que tiene un amigo con buenas tierras por la salida oriente, y ya le construyó una brecha; o aquel tesorero que autoriza primero los pagos de los proveedores consentidos, y la encopetada y su séquito que habla de nacos y trata de entenderlos; y aquellos que en la grada del Azteca, viendo al América, le mientan la madre a los ricos de los palcos, y los palcos mismos, y la grada misma, y el América mismo, sumum de artificialidad sin mística, y el Santos señores, allí si hacer un alto y ponernos de pie, el último juego en el Corona, esa cerveza que le gusta a los gabachos, bienvenida con orgullo, de las pocas excepciones de esta decrépita industria nacional que produce un carajo.
Así sucede entonces que estamos rodeados por todos lados, el deteriorado medio ambiente y la basura, tala indiscriminada en montañas, justo donde esa anciana ancianísima de tantísimos años, de piernas que parecen nudillos pelados, regresa con un carrete de leña amarrado a la espalda, y cuida a su nieto que juguetea en el lodo con una vara, martes en la mañana, ya en edad de colegio con los maestros en huelga, por alguna prestación que seguramente a su lideresa la tiene por demás preocupada, esa encopetada a fuerza.
En realidad los preocupados somos todos con el año que termina, lo que sigue para el próximo, los recursos que menguan, aunque el Presidente ya declaró abolida la crisis, y todos aliviados respiramos por obra del espíritu santo, las palabras sabias de nuestros gobernantes alientan… uff, que sabios son, y con qué prestancia discurren en una oratoria que embelesa; pero la moneda en precario equilibro, la ebullición constante de descontentos por tantos años de estar aguantando vara con la suela en la cara, y los analistas que tratan de entender el porqué del estoicismo mexicano, agachón de cabeza como el que más, mientras las encuestas hablan de nostalgias al autoritarismo latinoamericano, y sí, se añora al partido que durante tantos años nos trató como niños, y que se quiere regrese con su encopetado y novia de telenovela, porque los niños de párvulos requieren estar ordenaditos en el patio, con un moño rojo, cantando el himno.
Deberían avergonzarnos las ojeras en el espejo diario, y obligar a entender, frenar el engaño. Pero por obra de un misterio nadie se organiza, nadie saca la cabeza para gritar basta.

Articulo publicado: http://bit.ly/3PDpwy

25.10.09

Juego Cerrado http://bit.ly/1bLVvm



I. La Luz Verde.
Caminamos calle abajo rumbo a la posada de Bárbara. Primero me gritó en el malecón de La Habana, lleno de parejas, olas golpeando las rocas, y se acercó difuminado por la luz del atardecer. Era un negro alto, de cabeza rapada, perfecto palillo agitador de bebidas, que con voz lenta y chillante terminó convenciéndome.

“Por la revolución toda la juventud se prostituye” –dijo de pronto. Había muchas caras en los balcones de la calle Peñapobre, en el calor de septiembre, entre mucho ruido, ropa colgando.

“¿Entonces, va a querer hembra?” -- preguntó, lanzando un relámpago.

“¿Que tan buenas hay?”

“Tanto como usted quiera” –dijo juntando los dedos, como si de saborear una granada se tratara.

“¿Mulatas?”

“Pelirrojas, marrones. Lo que usted quiera”

Sus palabras taladraron mi cabeza por más de un minuto. Nos habíamos detenido a fumar, con las suelas apoyadas al muro. “Lo que usted quiera” –repitió el negro, echando humo.

“Pues que sea mulata” –dije, y sin dejar pasar un segundo, el tipo salpicó el cigarro con un garnuchazo, otra pequeña humareda.

“Entonces dígale a Bárbara que yo lo traje, y que ahora vengo” –afirmó casi brincando, mientras tocaba el timbre de la puerta vecina. De última lo vi doblar a la izquierda, en el expendio donde venden la carne.

II. La figura del jinetero en la economía cubana.

La palabra jinetero (a) es básicamente eufemismo de prostituto (a). Son personajes entrañables que consiguen los que sea: mujeres, hombres, habanos, motocicletas, discos, droga, autos, paseos en barrios marginales, acceso a vecindades derruidas, alcohol, ver sodomía, más droga y más mujeres. Obtienen cualquier cosa por dinero. Cualquier cosa significa cualquier cosa.

Su existencia misma obedece a las leyes de la oferta y la demanda. En la Habana Vieja pululan extranjeros cargados de dólares, hambrientos de saciar sus vicios. Es por ello que en esas calles proliferan jóvenes prestos a servirles, a conseguir bondades. Una economía informal especializada hasta la médula, por la ausencia de oportunidades. La revolución corruptora en más de una forma.

III. Juego Cerrado.

“Aquí hay sabanas limpias, una pastilla de jabón, aquí el baño, la toalla” --dijo Bárbara.

Era una cubana altiva como las que hay, rondando los sesenta. Lentamente escribió mi nombre en una libreta, con letra grande, cursiva, impoluta, acomodándose frágilmente los lentes.

Su posada estaba en el segundo piso de un edificio viejo, entrando por la escalera que daba a la calle, un cuarto al fondo del pasillo frente al baño, próximo al barandal del patio interior, donde el golpeteo del dominó era el ritmo de la tarde.

“¿Porqué se fue el negro?” -- preguntó Bárbara antes de entender algo, ya que enseguida dijo burlona que traería otra toalla “a menos que les guste el sudor”.

Entonces me senté en la cama y apareció un flaco, de no más de doce años, pidiendo caramelos. Su única palabra de diccionario --caramelo, abriendo los ojotes, hasta que Bárbara le lanzó a la cabeza la toalla, gritándole no importunar a los huéspedes.

Y así, sin pausa, frente a su propio hijo, comenzó a hablar como solo los cubanos saben hacerlo. Dijo que al chico lo había tenido muy mayor, que por años cuido a una anciana española, la que me heredó la casa, y me prohibió tener familia hasta su muerte, era muy exigente.

“Pude tener al chico hasta que se murió la española. Pero al final me quede con esta casa, valió la pena tanta espera”.

Todo eso me lo dijo contando billetes, en monologo interior, hablando de su suerte, porque mañana debía pagar 270 pesos al gobierno, todos los meses sin importar los huéspedes, y solo tengo registrado un cuarto, pero confeccioné otros dos clandestinos, en la parte de atrás, por si quiere verlos.

“Uno tiene que hacer lo que sea para ganar dinero” --me dijo con media sonrisa, justo cuando sonaba el timbre.

Al salir presuroso el chico a atender la visita, me sorprendí tronándome los dedos. No la tornadura rápida de una mano sobre otra, sino de esas exquisitas de dedos entrelazados, de levantar las manos y hacer fuerza, como si de un estiramiento de yoga se tratara.

Siguió después un silencio cómodo, interrumpido solo por un golpe seco, como si se hubiere cerrado el juego y estuvieren contando los puntos. Entonces salí al pasillo y al voltear a la izquierda, encontré una gran sorpresa.



Docto publicado aqui

5.10.09

Brasil

A propósito del éxito reciente que se apuntó Brasil, y en particular Rio de Janeiro, al ser designado sede de los Juegos Olímpicos del año 2016, no queda más que congratularnos de que ese entrañable pueblo sudamericano siga cosechando logros. Ellos también serán los organizadores de la copa del mundo de futbol en el año 2014, y la ganaran seguramente, como lo han hecho regularmente.

Así que habrá mucho Brasil en las vitrinas en los próximos años. Lo cual no deja de tener, desde nuestra óptica mexicana, cierta dosis de curiosidad (envidia) ante sus logros, ante la forma en que vertiginosamente se han colocado como referente latinoamericano en el mundo. Sirven sus avances como cuestionamiento obligado, mirada al espejo.

¿Qué tienen ellos de lo cual carecemos? ¿Por qué han sido capaces, por ejemplo, de tener una industria aeronáutica sólida, capaz de fabricar un avión confiable y funcional como el Embraer 190? ¿Por qué en la actual crisis económica, el pasado mes de agosto, fueron capaces de generar cerca de 250 mil nuevos puestos de trabajo, séptimo mes consecutivo con creación de empleo positiva? ¿Por qué son autosuficientes en hidrocarburos, y cuentan con tecnología de punta para buscar crudo en aguas profundas? ¿Por qué, al fin de cuentas, se han consolidado como el modelo exitoso del desarrollo económico en América Latina?

Ese gran país verde es complejo, desigual, fascinante. Su tamaño físico es más de cuatro veces México y casi nos duplica en población. Brasil es paradigma de mosaico --de contrastes, su bastedad amazónica es capaz de cansar cualquier mirada. Su gran rio es metáfora de futuro caudaloso.

La realidad brasileña tiene también deficiencias y retos colosales. Es conocido que en los latifundios del interior hay explotación a niveles de esclavitud. Pobreza y exclusión desbordada en las grandes ciudades. El abandono y la ingobernabilidad de sus favelas es conocida mundialmente. Existen escuadrones de la muerte, grupos de extermino pagados por la derecha, que actúan en la periferia de las grandes ciudades brasileñas, dedicados a eliminar a supuestos delincuentes o a meros sospechosos, con el fin de acabar con el lumpen. En ese país caudaloso la realidad es de contrastes. Entre grandes oportunidades y carencias, Brasil quiere crecer, se quiere desbordar.

Su presidente, Lula da Silva, ha sido el líder que en los últimos años ha encausado esas fuerzas telúricas tan complejas. Ha logrado cohesionar, dar rumbo. Ante su origen de sindicalista de izquierda, Lula tuvo que competir en cuatro ocasiones para acceder a la Presidencia. En el poder ha demostrado su destreza en el arte de tocar el violín: buscó votos con la izquierda, gobernando con la derecha. Bajo su mandato los brasileños tienen una percepción de unidad hacia el futuro, y, más importante, hay conciencia colectiva de un futuro mejor. A Lula se le escucha, se le sigue, y los avances están a la vista.

Sin retrasos, sin entrar en debates estériles, Brasil es líder en desarrollo de energías alternativas, con el uso de la caña de azúcar para producir etanol. La inversión privada en su industria petrolera, ha resultado en transferencia valiosa de tecnología, y capacidad de competir con los mayores estándares. En materia de innovación económica, sobresalen leyes y reglamentos de gobierno corporativo, transparencia y control. Su sistema jurídico es abierto, atractivo para un capital extranjero sediento de seguridad. Su economía, cimentada en un gran mercado interno, continúa especializándose, fortaleciendo industrias propias con grandes valores agregados.

Recursos naturales y humanos bastos, aparejados a aciertos en materia política y regulatoria, han traído beneficios concretos. Lo anterior, aunado a la existencia de un líder carismático que cohesiona y encausa, ha logrado que ese país proyecte la imagen de haber encontrado unión en su destino. Unión que encausa, guía, encarrila, posibilita; que muestra resultados y genera percepción de avance; que genera una envidia enorme al vernos al espejo.

Publicación aqui


4.10.09

Savon


I. El Hombre.

¡Mira! –exclamó sin verme, mostrándome las imágenes: esto fue cuando Savón era Savón. La fotografía lo retrata durante los Juegos Olímpicos de Sidney del año 2000. Su perfil negro intimidante, con los puños en la quijada, justo antes de ganar la tercera medalla de oro contra el Ruso Ibragimov. En ese entonces estos puños estaban más duros–me dice, mientras una manopla huesuda prácticamente me eclipsa la cara.

El personaje en cuestión es Félix Savón Fabré. Boxeador cubano nacido en San Vicente, Guantánamo, el 22 de septiembre de 1967, y que durante veinte años conquistó todos los títulos amateur de los pesos pesados, incluidos seis campeonatos mundiales, tres oros olímpicos y cuatro copas del mundo.

Para imaginar su poderío basta estrechar esa mano rugosa con consistencia de trascabo. Voltear a las alturas de sus 1.98 metros, es encontrarlo sonriente y descamisado. A ese hombre hay que creerle en realidad, cuando afirma que, en cualquier día, únicamente con rectos y cruzados, hubiera hecho polvo al mismísimo Mike Tyson.

Me cede el paso a su casa con sutileza. Distingo entonces su caminar tambaleante, con ritmo de enorme montaña, que se cimbra a los lados con los brazos engarrotados.

II. El Sistema.

Es conocida la tradición del poder político de apropiarse de los artistas o de las glorias del deporte, con el consecuente beneficio para el régimen. Ha sucedido en los Estados Unidos, por ejemplo, donde personalmente Henry Kissinger incidió para que el duelo Spassky-Fisher se llevara a cabo en Reykjavik. Sucedió en la Alemania nazi con Leni Riefenstahl. Ocurre en México cotidianamente con boxeadores, luchadores, futbolistas, toda clase de artistas y de atletas, que hasta de premio pueden terminar con algún hueso. Sucede tradicionalmente en la Cuba de Castro, y en lo particular con los boxeadores olímpicos.

La ceremonia de bienvenida es lugar común en el acto de apropiación. Bajo los balcones de la municipalidad se congregan las masas. Las banderas del país que se trate, las llaves de la ciudad, las fotos de rigor, las primeras páginas en los diarios matutinos. El engranaje propagandístico funciona aceitado, y el hombre de a pie se deslumbra y aplaude. La estrella del atleta brilla en cualquier firmamento, y el efecto dura el tiempo que sea necesario (útil).

Es ese utilitarismo el que todo lo rige. La fama se moldea, cae o se acrecienta. Los reconocimientos en la modernidad duran segundos. Sin siquiera darse cuenta el atleta cae de su pedestal e inicia su cotidianidad con lo mortales. Ya no es perfecto. Ya no todos se carcajean de sus bromas. Ya no tiene a todas las mujeres.

III. La Conclusión de la Breve Entrevista.

La casa de Savon está en una esquina, en las afueras de La Habana, y tiene un porche amplio donde se sientan sus hijas por la tarde. Llegamos a ella en un Ford azul, una lata cincuentera de bordes punteados, a la que había que abrirle el cofre cada tanto para enfriarlo. Me acompañaban otros dos boxeadores que conocían al campeón de su primer gallinero. Ellos se abrieron camino para buscarlo al fondo de la casa. Ellos lo asustaron con un grito mientras cebaba cerdos con pienso de calidad superior –según dijo.

En el interior de su casa hay una sala llena de trofeos. Me permite ver y tocar las medallas olímpicas. Y el tiempo discurre entre su hablar pausado y ordinario, sobre sus inicios como remero, sobre las cualidades que le vieron los entrenadores por su altura, sobre las malformaciones que le causó el mal vendaje en las manos, sobre el sentimiento de escuchar el himno cubano con la medalla al cuello.

Yo hubiera querido quedarme más tiempo, conversar más largo con el campeón. Pero tuvimos que interrumpir la plática y continuar con las fotos en la calle. No sé bien lo que ocurrió. El español cubano es rápido y es arrastrado y puede ser realmente ininteligible.

El caso es que algo dijo su mujer enfurecida, y él la increpó se callara “pero hija, silencio que hay visitas”. Pero no pudo calmarla. Dejar abierta la puerta de los cerdos, e inundar de moscas la casa entera, era inaceptable. Los gritos de un lado a otro, y sin poder hacer nada. Entre bromas reconoció que esa batalla la tenía perdida desde antes que sonara la campana. Un gran campeón. Con el que tranquilamente pasamos la tarde, sentados en la acera, un buen sábado cualquiera.

22.9.09

Plaza de la Revolución de La Habana, Cuba.

Domingo 20 de septiembre de 2009, Plaza de la Revolución de La Habana, Cuba.

Decenas de miles de personas se congregaron convocadas por el concierto Paz sin Fronteras. El presente es un testimonio de la juventud cubana mirando hacia el futuro.







Pavel Dalsson Navarro. Barrio Lawton. Municipio 10 de octubre. Provincia Ciudad de La Habana. Percusionista. Pidió que el obturador aguardara para girar el bolso y mostrar la palabra “Cambio”.













Antonio Pacheco Suarez. Barrio Los Pocitos. Municipio Marianao. Provincia Ciudad de La Habana. Estudiante de Contabilidad.
Maikel Blanco Gonzalez. Barrio Los Pocitos. Municipio Marianao. Provincia Ciudad de La Habana. Estudiante de Informática.




Yadiel Santos Leon. Barrio Guanabo. Municipio Habana del Este. Estudiante de Astronomía.



Anaisi Diaz Diaz, Dairena Jimenez Ramos, Ibda Elisa Penabel Hernandez. Barrio Lawton. Municipio 10 de octubre. Provincia Ciudad de La Habana. Primas. Estudiantes de Pre-becado 11 grado.




Noelia Duran Trujillo. Pedro Gonzalez Cuevas. Barrio Camagüey. Municipio Camagüey. Estudiantes. Pasaron ocho horas en autobús para ir al concierto.



Luis Emilio Hernandez Gonzalez. Kenia Fernández Maza. Santiago de las Vegas. Bolleros. Ya más de una año saliendo.



Yasuanis Morales Valles. Calle Cerbero, entre San Salvador y Susarte. Municipio Cerro. Provincia Ciudad de La Habana. Asistente educativa.














15.6.09

Comenzar a Parpadear

45 niños muertos en Hermosillo a causa del incendio en la guardería subrogada por el IMSS. La disección puntual del problema transitaría por el análisis del esquema de subrogación, entre consideraciones generales sobre la conveniencia de que sean particulares los que presten servicios sociales, concluyendo que, en este país –aún en la esfera de guarderías de menores, los requisitos mínimos de legalidad, de supervisión y seguridad, sucumben a la corrupción.
Sabía usted que el IMSS paga más de 5 mil millones de pesos a guarderías subrogadas, y que dentro de los agraciados de jugosos contratos hay gente ligada a la alta política? Hediondamente podrido incluso el colchón de las guarderías de este país tan entrañable.
Imagínense usted: en este país tan entrañable hay movilizadores electorales, y el voto se compra con tortas y camisas. Imagínese usted: en este país tan entrañable existe una carretera de cuota que vale más de 1 peso el kilometro. Imagínense usted: en este país tan entrañable existen las muertas de Juárez, crímenes no resueltos en su gran mayoría. Imagínense usted: en este país tan entrañable hay un mediático conteo pormenorizado (diario, mensual y anual) de las ejecuciones violentas relacionadas con el narcotráfico. Imagínese usted: en este país tan entrañable ya han aparecido de nuevo las caritas sonrientes de los candidatos en todos los postes de nuestras calles.
Todos somos culpables de vicios, corruptelas y podredumbre; quien esté libre de pecados que lance la primera piedra. Es por ello que el tema de Hermosillo llegó como un mazazo a nuestras vidas, en medio del debate sobre la anulación del voto. Y, al saber de esos niños quemados en sus cunas, y al interiorizarnos del excremento que rodea a la tragedia, nos quedamos atónitos de los alcances de este sistema viciado que nos hemos encargado de construir. Fue un mazazo desubicador. Como si, frente a la dimensión de la tragedia, nos invadiera un letargo que no nos deja reaccionar, como si fuera un parpadeo que todavía no inicia. Vaya legado éste para las criaturas, no es cierto?
Tal vez a usted, a usted lector, la inmediatez lo satisface; tal vez usted es el frio sesudo individualista que piensa en no distraerse, porque nada se arregla, porque la fatalidad existe, y mejor afanar a quien se deje; tal vez usted decide olvidar nuestras penurias, no darle más vueltas al tema, porque a las 12 el partido y las tecates bien elásticas con los compas en la terraza; tal vez incluso usted pertenece a la clase política, favorecida por la corruptela y la prebenda, y desde ese sillón verde se arrellana a contemplar la alameda.
Incluso pudiera encontrarme de frente con usted, usted lector, un escrupuloso pragmático de ojos agrietados y cincelados, que escupiendo a un lado me grite “impórtate tu”. Entonces me gustaría pecar de inocencia y decir cualquier cosa. Pero optaría por detenerme. Recorrería nuestra historia de hombres y mujeres abriéndose camino solos en esos desiertos, en esas montañas agrestes, cayéndoseles las palabras de los yelmos, esa legión de cuerpos cavando sus propias tumbas, el sálvese quien pueda; y optaría por quedarme callado.
Ante un parto tan traumático --el de este país tan entrañable, la solidaridad y el sentimiento colectivo han quedado a segundo plano. Aunque tanto los necesitemos. Aunque nos siga costando tanto no haberlos buscado.
Publicado en http://www.elsiglodetorreon.com.mx/ el domingo 14 de junio 2009.